Estribo


Los estribos son piezas, generalmente metálicas, de formas diversas que permiten que el jinete de un caballo introduzca los pies en ellas para afianzarse mientras cabalga. Fijados a la silla de montar, permiten una mayor seguridad y comodidad, tanto para la cabalgadura como para el jinete, que puede así controlar mejor a su montura.
También son llamados estriberas, reposapiés o posapiés en las motocicletas; en ellas se usan para apoyar los pies. El estribo izquierdo del piloto está por detrás de la palanca de cambios y el derecho detrás del pedal de freno (freno de la rueda trasera). Los estribos del pasajero se encuentran en una posición generalmente cómoda para el mismo, a los lados de la rueda trasera.
Los primeros protoestribos, consistentes en una cuerda que unía la silla y el dedo gordo del pie del jinete, aparecieron en la India en el límite entre el siglo II a. C. y el siglo I a. C. De allí pasaron a China en torno al año 300, donde, debido al clima más frío de la zona, empezaron a atarse alrededor del pie calzado, y no solo sobre el dedo. Poco después, los chinos empezaron a fabricar estribos metálicos, de bronce o hierro fundido.[1] Desde China el uso del estribo se extendió a los nómadas turco-mongoles de Asia Central, a Corea y a Japón. Los hunos los introdujeron en Persia en el siglo IV y en Europa hacia el siglo V, aunque no hay noticias de su adopción por la caballería imperial romana hasta aproximadamente un siglo más tarde (ya después de la caída de Occidente). A su vez, los árabes lo tomarían de los persas y los bizantinos.
Por su parte, los invasores germanos del Imperio romano adoptaron rápidamente el uso de estribos. Ello mejoró la eficacia de su caballería hasta el punto de que fue una de las causas de la derrota de los romanos en la trascendental batalla de Adrianópolis (año 378), y del ocaso del modelo clásico de legión romana, provocando una crisis militar sin precedentes. El estribo, que permitía al jinete luchar con comodidad y maximizaba el impacto de la carga, había iniciado una nueva era en Europa: la de la caballería pesada, que dominaría los campos de batalla medievales durante más de mil años.
Historia
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El estribo, que proporciona una mayor estabilidad al jinete, ha sido descrito como uno de los inventos más significativos de la historia de la guerra anteriores a la pólvora. Como herramienta que permitía ampliar el uso de los caballos en la guerra, el estribo se considera a menudo el tercer paso revolucionario en el equipamiento, después del carro y la silla de montar. Las tácticas básicas de la guerra montada se vieron significativamente alteradas por el estribo. Un jinete apoyado en los estribos tenía menos probabilidades de caerse mientras luchaba, y podía asestar un golpe con un arma que empleaba más plenamente el peso y el impulso de caballo y jinete. Entre otras ventajas, los estribos proporcionaban un mayor equilibrio y apoyo al jinete, lo que permitía al caballero utilizar la espada de forma más eficaz sin caerse, especialmente contra adversarios de infantería. Sin embargo, en contra de la creencia moderna común, se ha afirmado que los estribos en realidad no permitían al jinete utilizar una lanza con mayor eficacia (catafractos habían utilizado lanzas desde la antigüedad), aunque la silla de montar acantonada sí lo hacía.[2]
Precursores
[editar]La invención del estribo se produjo relativamente tarde en la historia, teniendo en cuenta que los caballos fueron domesticados en aproximadamente el año 4000 a. C., y los primeros equipos similares a las sillas de montar que se conocen fueron paños con flecos o almohadillas con pecheras y crupones utilizados por la caballería de Asiria alrededor del año 700 a. C.[3]
El primer soporte para los pies era un lazo que sujetaba el dedo gordo y se utilizaba en India a finales del siglo II a. C.,[4][5] aunque puede haber aparecido ya en el año 500 a. C.[6] Este antiguo soporte para el pie consistía en una cuerda en forma de lazo para el dedo gordo del pie que se encontraba en la parte inferior de una montura hecha de fibra o cuero. Esta configuración era adecuada para el clima cálido del sur y el centro de la India, donde la gente solía montar a caballo descalza.[7] Las tallas budistas en los templos de Sanchi, Mathura y las cuevas de Bhaja que se remontan a los siglos II y I a. C. representan a jinetes que cabalgan con elaboradas sillas de montar con los dedos de los pies metidos bajo esas cinchas.[8]